23.11.08

Un reptil de 90.000 kilos de peso. El gran Brontosaurio de Wyoming. Cómo era y cómo vivía

Tras siete largos años de trabajo, se presentó al público en mayor esqueleto de dinosaurio conocido para la primera década de 1900: el espectacular Brontosaurio, animal considerado de hábitos acuáticos pero que no desaprovechaba la oportunidad de salir a tierra para sentarse sobre el cuarto trasero, una de sus posiciones favoritas, para la que estaba especialmente adaptado. La noticia procede de Alrededor del Mundo, donde fue publicada el 20 de abril de 1905.

Transcripción (textual):

Las revistas científicas del mundo entero vuelven á ocuparse de los gigantescos reptiles que en las épocas prehistóricas formaban parte de la fauna terrestre, con motivo de haberse acabado de armar en el Museo de Historia Natural de Nueva York, el esqueleto de un dinosaurio de tamaño verdaderamente colosal. Hasta ahora, de estos monstruos antediluvianos no se conocían más que esqueletos relativamente pequeños ó huesos sueltos, insuficientes para que se pudiese tener una idea exacta de lo que eran tales animales. El esqueleto del museo de Nueva York es el más grande que hasta ahora se ha encontrado, y además pertenece a un género del que aún no se había presentado ningún ejemplar al público, el género de los brontosaurios.
En 1808 fue cuando se descubrieron los restos fósiles de este animal, no lejos de las canteras de Bone Cabin, en el estado de Wyoming, y no mucho tiempo después, en el primer número de Alrededores del Mundo, dimos á nuestros lectores cuenta del hallazgo, juntamente con algunas observaciones sobre el reptil en cuestión. Los estudios que desde entonces han venido haciendo los naturalistas americanos nos permiten ampliar ahora aquellos datos.
Juzgando por el esqueleto, una vez armado, el brontosaurio difería de todos los animales hoy existentes. Su cola, larga y gruesa, se parecía á la de un lagarto, o más bien a la de un cocodrilo; el cuello era largo y flexible, como el de ciertas tortugas exóticas, en tanto que el cuerpo, más que al de un reptil, se debía asemejar al de un elefante. Su corpulencia excedía a la de este último animal, puesto que medía cuatro metros y medio de altura y cerca de cinco de longitud para el tronco, que sumados á nueve y medio que medía la cola y seis del cuello, dan un largo total de unos veinte metros. Estas dimensiones, aunque colosales, no lo son tanto como se creía en un principio, antes de que el esqueleto estuviese montado en la debida posición sobre su pedestal. El peso del animal vivo se calcula que no bajaría de 90.000 kilos, ó sea el de veinte elefantes aproximadamente.
Desgraciadamente, á tan magnífico ejemplar le faltaba la cabeza, y ha sido preciso hacerle una imitada guiándose por otras naturales que se tenían en otros museos. Es una cabeza muy pequeña con relación al cuerpo, pero, sin embargo, mide más de setenta centímetros de longitud.
Supónese que el brontosaurio era un animal acuático, pero no marino. Como en muchos anfibios, las articulaciones de los huesos son rugosas en vez de ser lisas. Al mismo tiempo, la ligereza de dichos huesos, carácter que nunca se encuentra en los animales exclusivamente nadadores, parece indicar que salía del agua con más o menos frecuencia. Lo más probable, por consiguiente, es que, á semejanza de los cocodrilos, viviese en las grandes lagunas ó en los ríos de poca corriente. Gracias á su cuello sumamente prolongado, podría alcanzar las plantas suculentas que crecían en el fondo. Sus dientes cortos y en forma de cuchara le permitían arrancar las hojas y los tallos tiernos, pero no le servirían para la masticación. Careciendo de molares, evidentemente tragaba su alimento sin mascarlo.
Una de las posiciones favoritas del brontosaurio cuando salía a tierra debía ser la que tiene en nuestro grabado, esto es, sentado sobre el cuarto trasero. Con este objeto, entre las patas posteriores presenta el esqueleto dos grandes huesos ahorquillados, destinados sin duda a soportar el enorme peso del cuerpo. Los naturalistas admiten que, como la mayor parte de los reptiles, éste ponía huevos; el diámetro de los mismos no debía bajar de sesenta centímetros. Hay quien supone que la desaparición de ésta especie se debe precisamente á cierto animalito, no más grande que un erizo, que solía visitar sus nidos para romper los huevos y devorar su contenido, estorbando así la reproducción de estos reptiles.
Los estudios de donde se han extractado estos detalles, así como todos los trabajos de limpiar y armar el esqueleto, han sido hechos bajo la dirección del profesor Henry F. Osborn, conservador de paleontología en el Museo de Nueva York. La extracción de los huesos fósiles, su traslado al museo, la restauración de los que estaban estropeados, y el montaje final de todo el esqueleto, le han ocupado por espacio de siete años.

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Pies de figuras (textual):

El brontosaurio, como debía ser cuando vivo
Esqueleto completo del brontosaurio en el Museo de Nueva York
Tamaños relativos del cráneo del brontosaurio y la cabeza humana